La cirugía de glaucoma es un conjunto de procedimientos diseñados para reducir la presión intraocular cuando los medicamentos y el láser no son suficientes para controlar la enfermedad. Su objetivo principal es proteger el nervio óptico y evitar una pérdida visual progresiva e irreversible.
¿En qué consiste?
Dependiendo del tipo y severidad del glaucoma, el oftalmólogo puede elegir entre varias técnicas quirúrgicas. Todas buscan mejorar el drenaje del humor acuoso para disminuir la presión dentro del ojo:
Trabeculectomía: se crea una pequeña vía de drenaje en la esclera para permitir que el líquido salga y reduzca la presión.
Colocación de válvulas o dispositivos de drenaje: se implanta un pequeño tubo que facilita la salida del humor acuoso de manera controlada.
Cirugías mínimamente invasivas (MIGS): técnicas modernas que mejoran el drenaje interno del ojo con incisiones muy pequeñas y tiempos de recuperación más rápidos.
Láser ciclodestructivo (en casos avanzados): reduce la producción de humor acuoso cuando otras opciones no son efectivas.
La elección del procedimiento depende del tipo de glaucoma, la presión ocular, el daño del nervio óptico y la respuesta previa a tratamientos.
¿Para qué sirve?
La cirugía de glaucoma tiene tres propósitos esenciales:
Disminuir la presión intraocular de manera segura y sostenida.
Detener o ralentizar el daño del nervio óptico, evitando que la enfermedad siga avanzando.
Preservar la visión a largo plazo, ya que el glaucoma no tratado puede llevar a pérdida visual irreversible.
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